Un problema grave
El problema de los gatos callejeros en nuestro pais, como minimo, tan grave como el de los perros abandonados, pero hay aun quien piensa que los gatos saben buscarse la vida por las calles y los abandonan; después, como no están esterilizados, se reproducen por doquier y estos animales acaban llevando una vida miserable por culpa de la falta de escrúpulos de muchas personas.
Los ayuntamientos deberian de tener más voluntad para tratar de solucionar el problema y no hacer como todavia hacen en la mayoria de los casos, que se limitan a prohibir en sus ordenanzas municipales el ponerles comida en la calle, prohibición que en nuestra opinión es una salvajada y demuestra la insensibilidad de las autoridades muinicipales en relación con este cariñoso animal. Hay particulares que de su propio bolsillo se gastan más por proteger a los gatos que el Ayuntamiento al que pertenecen.
Algunos ayuntamientos incluso, se dedican todavia a exterminar gatos.
Estos programas de colonias urbanas estables incluyen:
esterilización, atención veterinaria, alimentación, instalación de casetas (donde es posible), adopciones, traslado de los animales si es aconsejable para su seguridad, etc.
Gato Normativo
El tema del descontrol felino que existe en muchas poblaciones del Garraf es bien conocido por todos. Los gatos desarrollan su actividad normal ocupando territorios y organizándose en ellos mediante el sistema de colonias; podríamos decir que hacen básicamente lo mismo que nosotros. Esta colonización muchas veces choca frontalmente con nuestra propia colonización, que, como especie dominante en el planeta, consideramos absolutamente prioritaria, y si además está “legalmente constituida ante notario” con más razón. Incapaces como somos de entender que simplemente a los demás animales este hecho les importa más bien un comino, seguimos alegremente con nuestro expolio diario. Mientras tanto, nuestros cojines de la terraza y tiestos de flores exóticas sufren los arrebatos, muchas veces amorosos, de estos crueles felinos que han evolucionado durante millones de años simplemente y con el único objetivo malévolo de hacernos la guisa. Aunque parezca de risa, este concepto está bastante arraigado en nuestra sociedad; básicamente desde el lampista hasta el escritor más ilustrado alegremente dan su opinión irrefutable sobre lo que son los gatos, qué hacen y a qué dedican su tiempo libre y, como ya suele pasar en estos casos, la mayoría de la veces se basan en suposiciones absolutamente falsas. Si además estas personas tienen problemas con estos felinos, sus opiniones “científicas” suelen adecuarse convenientemente a sus propios intereses, como si de hecho los diferentes "Felis" no tuviesen otra cosa mejor que hacer que contentar a tal o cual vecino.
La especie humana, en general, tiende a considerar el comportamiento de las demás especies animales como altamente predecible, cuando, de hecho, con ello lo único que perseguimos es justificar disparates a cual mayor. Hablando de disparates, podríamos de paso y por analogía referirnos a la norma (no sé si legalmente establecida) que existe en casi todas las localidades del Garraf sobre la prohibición de alimentar a los gatos callejeros. Las normativas son necesarias, proporcionan orden regulando lo que es lícito hacer y lo que no lo es. También, y lógicamente, las normas están para cumplirlas, pero tan importante es cumplir una norma como que ésta tenga sentido y realice el cometido para el que fue creada. ¿Pero qué pasa cuando una norma provoca todo lo contrario debido a su nula y escasa concreción? Veamos con detalle la norma sobre “prohibición de dar de comer a los gatos”. Dirán que es necesaria por un tema higiénico-sanitario… Pues bien, ¿cuántos problemas higiénico-sanitarios reales por este motivo concreto se han producido por ejemplo en Vilanova i la Geltrú en el 2004? Mejor dicho ¿y en los últimos 10 años y en toda Cataluña? A ver si resulta que no se ha producido ninguno y nos estamos justificando con argumentos de humo. Les crecerá la nariz de Pinocho a aquellos que afirmen que, de tantos cacharritos con pienso de gato que hay en Sant Pere hay que irlos apartando con un pie. “Por favor señores”, ¿no hay nada más prioritario a lo que pone una norma? Ahhh. Claro, si se pone pienso entonces hay gatos… Otra afirmación errónea. ¿Acaso alguien se molestaría en poner pienso por si algún gato despistado se le ocurre pasar por allí? ¡Vamos!, se pone pienso donde ya existen gourmets felinos que sepan apreciar su bouquet y no al contrario. Simplemente ver un animal esquelético por la calle puede herir sensibilidades y solamente se intenta poner remedio. ¿Tan criminal es esta actitud? Digo yo que habrá cosas peores que necesiten normativas.
Otro argumento muy utilizado es el de tipo “a posteriori”, es decir, si se siguen alimentando nunca se irán. Este argumento es tan falso como el anterior: los gatos no abandonan su territorio (salvo que otros gatos les obliguen); simplemente pasarán otra vez a estado esquelético e intentaran ampliar su territorio para compensar (si las colonias colindantes les dejan). Lo que sí es cierto es que el punto de alimentación, y más si esta alimentación sólo se realiza a unas horas concretas, constituye el núcleo central de la colonia (algo así como el comedor de nuestra casa) y en donde más gatos tienden a concentrarse para dormir o simplemente para estar. Quizás lo más inteligente sería dar alternativas y autorizar puntos de alimentación adecuados. A todo esto hay que decir que siempre nos referimos a alimentos tipo “pienso seco” (los otros totalmente prohibidos). Pienso seco de aquel que venden en los centros de venta de alimentos humanos; Sí, allí, en aquella estantería, al lado de los yogures. Mejor no demos ideas no sea que algún regidor saque una norma prohibiendo la venta de piensos secos, “antihigiénicos” al lado de los flanes de huevo y aparezca, de un día para otro, publicada en tal o cual boletín. Todo esto parecerá una broma, pero está muy lejos de serlo; hay personas a quienes realmente los gatos sin control les producen serios problemas e inconvenientes y personas que no pueden ver a estos animales inocentes y cariñosos simplemente morir lentamente de hambre. Algunos dirán: ¿Acaso no hay personas que mueren de hambre en el mundo? Señores, hablamos de peras y no de melones; ¿o acaso de los horrores del mundo tienen la culpa los gatos? Lamentablemente, cae totalmente en nuestra responsabilidad colectiva, no se confundan ni se mal consuelen: la sensibilidad se tiene o no se tiene (aunque a veces también se abona y crece), y muchos de los que afirman este tópico, simplemente no mueven un dedo para remediar ninguno de los males que afectan a nuestro planeta.
La solución está en nuestros ayuntamientos, regidores y alcaldes, y es la de poner en marcha programas de control felino tal como hacen ya, y desde hace años de forma efectiva, municipios como Sitges y Vilanova i la Geltrú. Las soluciones para problemas reales no pasan nunca por la redacción de un simple párrafo normativo por otra parte erróneo y por tanto ineficaz, sino por plantearse las cosas seriamente y con responsabilidad.
Víctor Pinto
Director de proyectos de la
Fundación Altarriba 'Amigos de los Animales'


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